Un paseo por Lapenilla

Lapenilla desde el camino a Aldea de Puy de Cinca

El 4 de octubre había amanecido un poco fresco, pero enseguida subió el termómetro y quedó una temperatura agradable. Era una buena mañana para dar un  paseo. El programa contemplaba llegar hasta el cruce de la carretera de Panillo a Troncedo con el acceso a Pano. Allí, junto a la ermita de la Collada había sitio para aparcar y buenas vistas para empezar a disfrutar.
Aquí, también, comienza una pista asfaltada que llega a Aldea de Puy de Cinca. Bueno, no es mala idea. Antes de llegar a este lugar se pueden observar las ruinas de otro núcleo afectado por loa regulación del Cinca en El Grado: Lapenilla.
La visión de un pueblo en ruinas provoca una sensación común en todos los casos. Tristeza por la pérdida que supuso para sus moradores y ensimismamiento pensando cómo sería la vida en estos lugares. En Lapenilla hay un cartel que recuerda la prohibición de entrar en las ruinas. Los del ensimismamiento habrá que rebajarlo, por si acaso.
Conforme se pasea, se ve que pocas veces se puede entrar en las ruinas, porque están muy avanzadas. La parroquial y la adjunta Casa del señor de Lapenilla están menos arruinadas que el resto, aunque en este último caso, el deterioro ha avanzado mucho en los últimos años, si comparamos las fotos que hice con las de otros visitantes que estuvieron no hace tanto tiempo.


Casa del Señor de Lapenilla y torre de la parroquial, a la derecha

¿Cómo era a vida en Lapenilla, por ejemplo, en el siglo XIX? Saturnino López Novoa, en su Historia de Barbastro (1861), explica que sus habitantes cultivaban «cereales, vino, aceite, cáñamo, seda, ricas y sabrosas frutas, con especialidad higos; legumbres, caza, pesca en el Cinca». Añade que «hay en el término dos fuentes salitrosas, que vigila un encargado del resguardo». No sé si se refería López Novoa al manantial que cita Lucas Mallada en su Descripción Geológica de la provincia de Huesca (1878): «en la confluencia del barranco Bediello con el de la Penilla hay al Sur de Clamosa, cerca de la orilla izquierda del Cinca, un abundante manantial que varias veces se ha intentado beneficiar, hallándose todavía en litigio los derechos que los antiguos poseedores alegan para su completa posesión». Si estaba cerca de la orilla es probable que ahora esté bajos las aguas del embalse de El Grado.

El 31 de agosto de 1882, El Diario de Huesca anunciaba la vacante «por fallecimiento del que la desempeñaba», de la plaza de Peatón conductor de la correspondencia de Lapenilla y otras localidades de su entorno, «de La Puebla de Castro a Secastilla, Puy de Cinca, Lapenilla y Clamosa, dotada con el haber anual de 700 pesetas y habiendo de proveerse en licenciados del Ejército o Armada», que es como se hacían estas cosas en aquellos tiempos. Un vecino de Lapenilla, J.S., había abonado su suscripción a El Diario de Huesca según se informaba el 10 de marzo de 1887. Le llegaría por medio de ese peatón conductor de correspondencia que cobraba 700 pesetas al año. Supongo.


Interior de la parroquial de Lapenilla


Lapenilla pudo tener su nicho minero, pero la cosa no cuajó. El citado diario, el 22 de julio de 1902, publicó un «Aviso haciendo saber el desistimiento del interesado que cita a proseguir los expedientes de registro de las minas María y Felisa del término de Lapenilla».
De lleno en el siglo XX, llegó una buena noticias. Se publicó el 29 de agosto de 1917: «La Inspección de primera enseñanza ha remitido a la Dirección general el expediente de nueva creación de las escuelas de Trillo y Lapenilla, del Ayuntamiento de Clamosa».


Clamosa desde Lapenilla, con Monte Perdido como telón de fondo



Manuel Benito Moliner publicó en el número  107 de la revista Argensola (1993) un artículo titulado «Despoblados en el antiguo municipio de Clamosa». Detalla cómo eran y de que vivían las gentes de Lapenilla, Clamosa y Trillo. Una cita de su trabajo sirve para conocer cuándo acaba la historia de Lapenilla: «a partir de los años 40 las casas se van despoblando, siguen abiertas hasta los 50, pero el ‘tionaje’ abandona los pueblos en busca de mejores perspectivas de vida; en ellas sólo permanecen de forma estable los más mayores con los herederos, que pronto se verán obligados a dejarlo todo, tras la construcción del pantano. En los años 60 el éxodo es masivo y en los 70 la despoblación concluye».
Hubo un epílogo con dos capítulos. El Diario del Altoaragón informaba el 17 de diciembre de 1985 sobre una «Comunidad Virgen de la Oliva de Lapenilla» creada con la intención «de constituirse en lugar y apoyo para la reinserción social de personas con problemas».  Allí residían cinco personas, entre los 38 y los 21 años de edad. Uno de ellos indicaba que «somos un grupo de personas marginadas que buscamos algo que nos haga reinsertamos en la sociedad». La cosa no cuajó.
Años después, Lapenilla formó parte de un programa que capitaneaba la UAGA para desarrollar esta zona afectada por el embalse de El Grado. Las acciones realizadas no llegaron hasta este lugar que sigue ahondando en su ruina.

Capitel de un pilar adosado en la parroquial de Lapenilla


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