Un paseo a San Cosme y San Damián, o la memoria de Ramón J. Sender

San Cosme y San Damián (agosto 1985)


Hoy vamos a las sierras exteriores del Prepirineo oscense. La ermita de San Cosme y San Damián es un paraje muy curioso, que bien merece una visita. El único inconveniente puede ser el calor en período estival.
«Desde la avenida penumbrosa de álamos que le da acceso, descubrimos el santuario y dos edificios adosados a él, formando ángulo recto. Una plaza rodeada de calzada de piedra, y en el centro un gran humilladero. Es un rincón de una belleza ascética, una emotiva belleza monacal». Así relataba Ramón J. Sender la llegada a San Cosme y San Damián, en uno de sus viajes al santuario dedicado a los célebres médicos. Lo firmó en «España, automóvil y aeronáutica», el 15 de noviembre de 1922. Llegó por la carretera de Barbastro, Liesa e Ibieca, según relata en el citado artículo.
Años después, en la recopilación de artículos en Heraldo de Aragón, titulada «Solanar y lucernario aragonés» (1978), el escritor de Chalamera afirmaba que «entre los mil recuerdos de Aragón que me han acompañado por el mundo figura el santuario de San Cosme y San Damián, uno de los lugares más pintorescos y típicos de nuestro Alto Aragón». 

Ramón J. Sender, sentado a los pies del crucero, en San Cosme y San Damián (foto publicada en el artículo «Ramón J. Sender y el Turismo del Alto Aragón», en Diario del Altoaragón el 22 de febrero de 2015 (Foto Archivo Viñuales)

Se puede llegar por el recorrido que hizo Ramón J. Sender o realizar el que comienza en el pantano de Vadiello. Debemos situarnos en la carretera de Huesca a Barbastro y, en Estrecho Quinto, tomar el desvío que lleva a Loporzano. Superada esta localidad, se continúa por esta carretera siguiendo las indicaciones de las señales, que nos llevarán hasta en principal depósito para el abastecimiento de agua a Huesca. Es además, punto de cita para escaladores y simples excursionistas que buscan un lugar agardable a un tiro de piedra de Huesca. Aquí dejamos el coche.
Se toma el camino que pasa sobre la presa y continúa como primer tramo de esta excursión. Es un recorrido sin sombras, por lo que es poco recomendable cuando el sol aprieta. Una señal con la palabra "ermita" nos lleva a la izquierda. Dejamos el camino y comienza la senda. Hay que tomar la que sale a la izquierda de una pequeña construcción. Es un exconjuradero conocido como la cruz cubierta. Bajamos por la senda al fondo de un barranco, que luego remontamos para llegar a nuestro destino.
Tras apenas tres cuartos de hora de camino, hemos llegado a la ermita de San Cosme y San Damián que, según reza el dicho popular, «debajo una peña están». Se trata de un santuario ligado a la familia del duque de Villahermosa, con edificios alargados al pie de un acantilado, en la zona sur de la sierra de Guara. 

«San Cosme y San Damián, debajo una peña están»

Es un conjunto arquitectónico formado por una vivienda y un oratorio dedicado a los santos Cosme y Damián, protegidos por la roca como reza el dicho popular. El silencio del entorno puede quedar roto por el sonido de las aves que habitan el acantilado rocoso, en la misma línea que la zona norte del pantano de Vadiello.
En 1396 se fundó una cofradía en Huesca dedicada a los santos Cosme y Danián. Entre sus obligaciones estaba acudir cada festividad de Todos los Santos a este santuario. En ese momento existía ya un edificio dedicado al culto. El actual debe ser, según relata Gregorio García en Linajes de Aragón (1919), de finales del XVII, siendo Gregorio Antillón obispo de Huesca, quien firmó documentos relacionados con este santuario en 1689.

Si llega al santuario por el camino que utilizó Sender, se pasará junto a una serie de capillas y una fuente, la Fuensanta, de tradición milagrosa, especialmente para niños herniados.

Está, entre ellas, la ermita de la Virgen de Fabana. «levantada el año 1720 en el sitio denominado el mirador, para colocar allí la arcaica imagen que se veneraba antes en la iglesia de Fabana», según explica el citado Gregorio Garcia.

Una cabra puede estar recorriendo el tejado del santuario, de lado a lado durante el paseo. La vi una vez en casa, repasando las fotografías de la excursión. Una viaje no acaba cuando vuelves. Hay que ordenar imágenes y recuerdos. Es posible, entonces, que permanezca lo vivido y no caiga en el olvido. Ocurre con San Cosme y San Damián. Por ejemplo.
Vadiello y puntos destacados: El Puro, San Jorge, La Mitra o Borón

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