Los primeros pasos del ferrocarril de Riegos del Alto Aragón


La prensa puede servir para conocer el nacimiento del ferrocarril que prestó servicio en los «grandes riegos»

Depósito de agua para el ferrocarril junto al embalse de Ardisa



Me han dicho que el depósito de agua que hay junto a la presa de Ardisa es uno de los pocos recuerdos que quedan de una línea de ferrocarril que estuvo al servicio de las obras de un importantes sistema de riego.

Actualizo una entrada publicada hace un par de año, describiendo esta arteria ferroviaria que unía la estación de Tardienta -en la línea de Zaragoza a Barcelona- con las obras del Plan de Riegos del Alto Aragón: presas de Sotonera y Ardisa, así como los canales del Gállego y Monegros en su primer tramo. En los primeros mapas del Instituto Geográfico y Catastral figura el trazado de esta línea. Eran las décadas de los años 10 y 20 del siglo pasado.
Las crónicas de la prensa, dando cuenta de hechos diferentes en torno a los riegos, permiten componer trozos de un puzzle que sería el servicio ferroviario de los Grandes Riegos, como se definia este proyecto en aquellas fechas.
El caso es que en enero de 1916 se había efectuado la subasta de un tramo de seis kilómetros de este ferrocarril, en concreto para el servicio de «Tormos a las Gaveras». Las obras se repartieron en cuatro tajo adjudicados a cuatro contratistas diferentes. Se habían presentado catorce ofertas, según informó El Diario de Huesca el 18 de enero de 1916. El día 23 de julio de ese año se informaba de que «se está terminando el asiento de la vía del ferrocarril de servicio que ha de enlazar en Tardienta con el del Norte y por el que se han de transportar los materiales hasta el Pantano de La Sotonera».
Pero antes de esa fecha ya había algo en funcionamiento. El Diario de Huesca, en su ejemplar del 12 de junio de 1916, informaba del viaje del arzobispo de Zaragoza, monseñor Soldevilla, a las obras de los Riegos del Alto Aragón. Llegó a Tardienta y, con las autoridades que lo recibieron, subió a un «tren de los Grandes Riegos», que llevaba la locomotora engalanada, como era obligado entonces en este tipo de situaciones. Recorridos unos 12 kilómetros desde Tardienta, «abandonamos el tren –indica el periodista- para volver a los autos». La comitiva siguió por el trazado del canal y al «atravesar el término de la Val de Paraíso, nos colocamos en un nuevo tren» continuando hasta Tormos.
El arzobispo, según se explica en la crónica, estaba muy interesado por estas obras y las visitó de forma detenida, «así como la gran extensión donde han de emplazarse las obras del ferrocarril para el transporte de los materiales para la presa de La Sotonera».

El transporte del trabajo con pico se realizaba en vaginetas que arrastraba una locomotora. 31 diciembre 1916. (Publicado en «Viaje a los Riegos del Alto Aragón (1916-1934)», página 32, editado en 2003)
El Diario de Huesca, el 8 de abril de 1918, recogía la visita de uno de sus redactores –Francisco Ena, que firmaba Fritz- a las obras de los Grande Riegos. Acompañaba a un grupo de estudiantes de la Facultad de Derecho de Zaragoza. Mencionaba en su crónica  «el principio del viaje en un tren descubierto y con veintitrés kilómetros de ida y otros tantos de regreso». Se ve que fueron acompañados por un frío y un cierzo severos. Estuvieron en Tormos y desde allí «al llegar el tren frente a aquella vasija donde tomó agua la máquina, de allí, repetimos, de un tirón a Tardienta».
Una tercera crónica. El Diario de Huesca, 1 de octubre de 1918, en la que se indicaba que habían llegado  a la estación de Tardienta periodistas de Madrid y Zaragoza. En esta localidad iba va a desarrollarse una importante asamblea relacionada con los Riegos del Alto Aragón. Los recibieron sus compañeros oscenses y, tras los saludos de rigor y ver un gran almacén de las obras, subieron «al tren de las obras». Viajaron «en dos vagones cada uno, tirado por un caballo». Tuvieron un pequeño percance con unas piedras en la vía, cerca de Almudévar. Desde aquí, «con tracción ya de vapor siguieron las vagonetas por los trece kilómetros restantes para Tormos».  
Locomotoras y personal en las obras del embalse de La Sotonera (Sociedad y actividades económicas, 2001, página 61)

En mayo de 1922 visitaron estas obras un destacado grupo de periodistas aragoneses. Entre ellos estaban Ramón J. Sender, Manuel Casanova, Francisco Ena y Fernando Castán. Publicaron sus impresiones sobre el viaje en La Tierra, El Diario de Huesca, Heraldo de Aragón, y El Noticiero, respectivamente.

La expedición se reunió en Tardienta. El día 9, Sender publicaba que, «nos dispusimos después a invadir las vagonetas de un diminuto tren de vía estrecha. Tres de ellas, bien acondicionadas para defendernos de los alfilerazos del sol -¡vaya calor!- fueron totalmente ocupadas por los excursionistas».  Sentados en tan original medio de transporte, Sender añadía que «no hubo quien no dedicara a la pintoresca insignificancia del tren una ingeniosa ironía mientras se acomodaba. Era una parodia de ferrocarril, un tren de bazar con su locomotora pequeña, reluciente y nueva, exornada con ramos de flores por los conductores en cordial homenaje de simpatía a los expedicionarios».

Francisco Ena, el 9 de mayo, destacaba la envergadura de las obras visitadas: «el inmenso tráfico, las instalaciones tan ordenadas, las copiosas existencias de material almacenado; los talleres variadísimos y de importancia múltiple, los albergues, cooperativas, colegios, servicios sanitarios, laboratorios, dependencias auxiliares, edificaciones profusas de todas clases y un sin fin de otras cosas dignas de admirar, nos trajeron al ánimo, la impresión de supremo esfuerzo de entusiasmo y de competencia de los técnicos y de un régimen social que constituye otra rama en aquellos lugares, tan transcendentales como la obra misma».

Estación y suministro durante la construccion de la presa de La Sotonera (Sociedad y actividades económicas, 2001, página 85)

Fernando Castán, el 9 de mayo publicó que «montamos en el tren de las obras- un tren diminuto, con sus vagonetas llenas de materiales, su departamento para pasajeros, un “break”, una verdadera monada-».

Manuel Casanova, el día 10, detallaba que « la vía diminuta, como de juego, corre por una de las banquetas del Canal, permitiéndonos observarlo a satisfacción». Completamos esta primera impresión de los periodistas aragoneses con unas líneas de este periodista: «subimos al tren de vía estrecha, que presta servicio en una alargada extensión, desde Tardienta hasta la presa que se levanta en término de Biscarrués. El convoy se compone, en su mayoría de vagonetas para transportes; hoy, a su cola se enganchan tres coches para los pasajeros; uno cerrado, con asientos mullidos y cómodos, que muy bien puede ser calificado de “Primera”; otro abierto, con un toldo –eficaz parapeto contra las recias agresiones de un sol agosteño- que llevados de ideas de relatividad, consideramos “Segunda” y otro, una vagoneta ordinaria, sobre la que se han improvisado unos asientos forrados de rojo, que reputamos francamente de “Tercera”».

Estaban ya de camino: «El ferrocarril sigue bordeando el canal, entre el cauce amplio y seco y las lomas rocosas. El convoy ofrece un sugestivo aspecto de aventura con la aridez de los yermos, la indumentaria pintoresca de los ingenieros y sobrestantes, el estruendo lejano de los barrenos y la actitud poco tranquilizadora de los guardas que de cuando en cuando pasan por los estribos con la carabina cruzada a la espalda» (Sender, 9 de mayo). Según apuntó este autor, el «el ferrocarril de servicio tendido desde la estación de Tardienta hasta la presa del Gállego recorre 38 kilómetros».

Los periodistas se quedaron la anécdota de su pequeño tamaño respecto al habitual en los tendidos comerciales. El caso es esta línea de ferrocarril facilitaba la llegada de materiales desde Tardienta, por donde pasaba la importante línea de Zaragoza a Barcelona, hasta los puntos clave de las obras: las presas de Sotonera y Ardisa. Ramón J.Sender lo explicaba en otro artículo el 11 de mayo. Apuntaba  que, junto a los talleres «encontramos el almacén de locomotoras y de vagonetas”. Allí permanecían dispuestas «para transportar tierra, piedras y argamasa o excursionistas por las lindes del Canal o por las profundidades de los barrancos».

Grupo de periodistas y responsables de Riegos del Alto Aragón que realizaron la visita de mayo de 1922 (Publicado, en el año 2001, en la portada del libro «Un viaje de Ramón J. Sender a los Riegos del Alto Aragón»)


Comentarios

  1. Enhorabuena por esta interesante historia! Soy oscense y aficionado a los ferrocarriles de via estrecha (H0e) por lo que me gustaría saber si se puede encontrar más información sobre este tema. En concreto sobre el ancho de vía de este ferrocarril y sobre el interesante material utilizado que se ve en las fotografías.
    Un cordial saludo,
    Mario

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