El Almerge, historia e imaginación

Hace poco, hablando con María Pilar Clau sobre su última novela, concluimos comentando cuestiones relacionadas con Laluenga, su pueblo natal. Mencioné El Almerge y me dijo que había poca gente que hubiera escrito sobre este lugar. Bueno, pensé luego, algo hay que hacer. A falta de una nueva visita, recordaré la primera vez que estuve allí, la sorpresa que supuso lo que vi y lo que pude imaginar, que no es poco.
Ábside de la iglesia románica de El Almerge (octubre 1987)

La primera vez que estuve en El Almerge era octubre de 1987. Fui guiado por Pepe Sánchez (entonces ya en Radio Barbastro), que se ofreció para tal menester al conocer mi interés. Fuimos por un camino que se toma en la N-240 cerca del monasterio de El Pueyo, pero en dirección contraria al veterano monasterio. La Clamor bajaba animada ese día y el guía decidió buscar una alternativa, cosa que agradecí. Se puede llegar también fácilmente desde Laluenga, aunque es mejor hacerlo como en aquella ocasión para la primera visita: conocer a alguien que sepa cómo se va. Por si acaso, la localización –según el mapa de la página web del IGN- sería 42º 01’ 24.3 N y 00º 00’ 45.7” E. Estaremos bien cerca del meridiano de Greenwich. Qué casualidad.

Restos de construcciones en El Almerge (octubre 1987)
Las ruinas pertenecen a un poblado ibérico, unos posterior, romano, y una iglesia románica. Hay huellas de plantas de habitaciones, escaleras y conducciones de agua para llenar un aljibe, todo excavado en la roca. En grandes piedras hay agujeros –mechinales- para colocar vigas de madera que soportarían el tejado de una vivienda. En diferentes excavaciones realizadas en este paraje se han localizado monedas ibéricas y romanas, restos cerámicos, constructivos y ajuar doméstico. Los autores que han escrito sobre este lugar han destacado, también, el expolio sufrido por sus restos desde hace bastante tiempo.
El primer número de la revista Argensola, publicado en 1950, Ambrosio Sanz publicó un artículo sobre este yacimiento arqueológico. Ya hablaba de la riqueza de restos, cuando afirmaba que «esta abundancia de cerámica desconcierta aún más por cuanto es de muy diversos tiempos; pero en su mayor parte, y esto es lo interesante, es de factura y técnica antiquísima».

Este autor hablaba, también, de tradiciones mantenidas en el tiempo. Recordaba que «los naturales acuden todos los años por costumbre inmemorial al sitio de la ermita con su sacerdote y allí rezan un responso. Esto indica que por allí cerca debió de haber alguna necrópolis o cementerio, del que ahora no hay noticia ni se conoce el lugar de su emplazamiento»

Sanz tuvo en el clero una buena fuente de información: «me habló uno de los sacerdotes, cuyo nombre siento no recordar, de escritos en que aparecía Almerge como poblado y sitio de residencia de un señor que tenía ciertos privilegios sobre los habitantes de los pueblos de alrededor y de los que no formaban parte sus tierras».

Por aquí estuvieron, también, viajeros cono Aurelio Biarge, Manuel Benito o Adolfo Castán, por ejemplo. Dejaron constancia de este hecho en artículos publicados en Nueva España o Diario del Altoaragón. Castán, en su libro «Lugares del Alto Aragón» (2008), recogió que era una población medieval documentada en 1095, con iglesia «del siglo XII dedicada a San Isidro» y abundante cerámica gris.

Aurelio Biarge, en el ejemplar de Nueva España del 29 de julio de 1973, detallaba las marcas de cantero del templo: «triángulos, puntas de flecha, cruces roadas, dobles uves y un signo algo más completo, escrupulosamente tallado, a manera de una letra ‘A’ mayúscula entrelazada con otra dispuesta en sentido invertido». Detalla, también, el capitel que está decorado con conchas, lo que le lleva  pensar en una ruta jacobea.

 
Marca de cantero en la iglesia de El Almerge (octubre 1987)
Manuel Benito, en el ejemplar de Diario del Altoaragón de 29 de junio de 1997, lamentaba el «saqueo sistemático», sufrido por este yacimiento ibero y romano, «que ha enriquecido colecciones particulares». Destacaba que «muchas monedas se extrajeron de diversas épocas destacando por su número las pertenecientes a las cecas romanas asentadas en la actual Cataluña, fruto del paso de personas de aquellas tierras por nuestros pagos».
Finalmente, según se explica en la Carta Arqueológica de la provincia de Huesca (1984), en un barranco que desagua en La Clamor «se advierten los restos de una pequeña presa muy deteriorada, que bien pudiera pertenecer a la época romana; aunque tampoco puede descartarse una cronología posterior», ya que aquí hubo también un asentamiento medieval. No es corta precisamente la historia de El Almerge. Pero solamente podemos ver una pequeña parte de lo que fue. El resto, habrá que imaginarlo.

Pero está claro que hay que volver. Cuando pase el calor porque allí, desde luego, lo que no hay es arbolado. Me parece.
Ventana de la iglesia (octubre 1987)

Comentarios