Huesca despide en silencio su último recuerdo del Canfranc



Ya no hay vías del Canfranc en Huesca

Han sido levantadas las vías de los primeros metros de la línea de ferrocarril Huesca-Canfranc. Es la línea a la que puso su primera piedra el rey Alfonso XII en la ciudad oscense el 2 de octubre de 1882, ante la atenta mirada de miles de oscenses y gentes venidas de otros rincones de Aragón. 
Era el último resto de una línea que, desde junio de 1893 enlazaba por tren Huesca, entre otras localidades, con Ayerbe y Jaca. Luego se unirían Caldearenas y Sabiñánigo. Una variante eliminó el paso de la vía por el interior de la ciudad y parte de su trazado se convirtió en camino peatonal. Quedaron los más de 500 metros que había entre el desvío poco antes de la estación y el paso a nivel de Martínez de Velasco. Allí estaban, también, los enlaces a las harineras. Era una huella de hierro y madera que dirigió una destacada actividad económica en Huesca. Ya no está.

Dos traviesas permanecen en su sitio. No saben que ya no tienen nada que hacer

Ahora solamente permanecen los primeros metros tras el desvío, el antiguo paso a nivel junto al silo del SENPA y la vía que enlazaba con la desaparecida harinera de Porta. Los restos eliminados, seguramente, eran sólo interesantes para melancólicos empedernidos, pero eran parte importante de la historia contemporánea de Huesca. Este trozo de terreno, emulando al que hay en Canfranc, podría pasar a llamarse Paseo de los melancólicos. Cuántas mercancías circularon por estas vías, cuántas personas subieron y bajaron.  Dejar el recuerdo de que por aquí pasó una línea de ferrocarril importante para una buena de la provincia, que también enlazaba con una línea internacional, parece merecer mejor recuerdo que la desaparición de cualquier resto.

Ni el primer concesionario, ni la Compañía del Norte, ni Renfe, ni Adif, por lo visto, comparten esta melancolía ferroviaria. El tren y Huesca han vivido una relación de amor-odio desde el primer silbato de la locomotora Tardienta en la estación oscense en las fiestas de San Lorenzo de 1864, primero, y comenzó a subir al Pirineo (primero a Jaca) a partir de 1893.
El silo del SENPA es la única referencia que queda del la vieja línea

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