Una rápida lección de Permacultura en una aldea perdida en medio del Pirineo

Vivienda en una aldea perdida del Pirineo (tanto esta foto como el resto de las imágenes de la entrada no se corresponden con ningún lugar concreto. Son recreaciones a partir de elementos de varias fotos)
Hacía tiempo que quería visitar esa aldea perdida en medio del Pirineo. Había estado hace 35 años, cuando acompañaba a mi hermano Fernando en sus viajes por la provincia para dibujar. Una calle única, como en otras tantas: una pequeña parroquial de origen románico, reformada siglos después; unas pocas viviendas dando su fachada principal a esa única calle; edificios auxiliares aquí y allá… como en otros lugares del Pirineo.
Todo quedó deshabitado en el siglo pasado. Pudo ser el proyecto de un embalse, la lejanía de los servicios mínimos, un censo muy escaso para poder sobrevivir como comunidad, la ausencia de tierra fértil suficiente o un sendero que nunca evolucionaba hacia camino o carretera… como en otros tantos lugres altoaragoneses.
Ruinas de una vivienda en una aldea perdida en el Pirineo
Pasaron los años con las viviendas desocupadas. Pero en un momento determinado acuden al lugar gentes venidas de tierras lejanas, de España o allende las fronteras, y se instalan en el pequeño núcleo perdido en mitad del Pirineo.
Hay problemas porque se parte de cero. No hay agua, no hay luz, las viviendas han sido saqueadas o el paso del tiempo ha hecho mella en sus cubiertas y se han hundido tejados y suelos. Es duro vivir en una tienda de campaña hasta que la casa o el granero son habitables.
Las gentes de la zona, a veces ayudan, a veces no. Poco a poco la confianza es de ida y vuelta. Se generaliza la colaboración. Pero siempre hay quien quiere mantener la ortodoxia de lo convencional -la Administración es la Administración-, o quien prefiere sabotear a los que eligen un modo de vida distinto.
Cuando nos vamos un par de días de aquí, a la vuelta vemos que nos han robado. Lo dice una habitante de esta aldea perdida en medio del Pirineo, tomando un café en su casa. Mientras habla, enciende continuamente un cigarrillo que ha liado y no acaba de tirar.
Su interés y el de las personas que le acompañan en esta «aventura» es lograr asentarse en un lugar donde desarrollar un proyecto distinto al que se puede tener en la ciudad para ellas y sus hijos. Es difícil cuando te roban las placas solares o las herramientas de trabajo aprovechando tu ausencia. Empezar de nuevo es complicado, pero parece obligado en esta situación. Esta persona comenta que los expolios se producen cuando aparece este pueblo en alguna publicación escrita o en un blog de internet. Es remisa a que se hagan fotos de este rincón del Pirineo para evitar nuevas situaciones de este tipo. Lo lamenta. Recojo la máquina y la guardo en la mochila. No hay problema.
Ventana en una vivienda de una aldea perdida en el Pirineo
Me explica que en el huerto cultiva colocando las plantas formando una espiral. Coloco, explica, plantas de tomate con plantas medicinales porque sé que al comer el tomate tomo algo más que la hortaliza. Habla de la permacultura y esta técnica del huerto en espiral para aprovechar mejor el agua y la luz. Por ejemplo.
Es curioso. Las gentes que habitaron aquí se fueron obligadas a un mundo, el urbano en muchos casos, completamente desconocido. Ahora, personas que vivían en la ciudad regresan a estos lugares perdidos en el Pirineo, por decisión propia, buscando una vida diferente a su etapa anterior. Tienen claras sus ideas y buscan recuperar una situación anterior, en sintonía con la Naturaleza.
Doy una vuelta por la aldea, recordando la imagen que tenía hace 35 años y la actual. Esa vivienda arruinada, aquella en proceso de rehabilitación, las bordas como alternativa para vivir hasta arreglar una casa… La Naturaleza ha ocupado espacios antes utilizados por las personas que vivían en la aldea. Mientras, los nuevos habitantes de la aldea perdida en medio de Pirineo cantan, preparando seguramente alguna actividad para el siguiente fin de semana. Sus tareas abarcan diferentes trabajos, oficios diversos y vocaciones distintas. De paisaje y canciones no se vive. Me parece.
Vuelve cuando quieras, me dicen. Mientras me alejo de la aldea por un camino no apto para todos los públicos, el sonido de las canciones se mantiene durante un buen rato. Poco a poco, al ir bajando al valle, la silueta de las esqueléticas viviendas queda oculta por la vegetación. Tras una última vuelta en una curva, el sonido de la música desaparece y regresa el silencio que se decretó desde un lejano despacho que decidía si allí iba o no iba, subía o bajaba, se creaba o desaparecía algo. Así, por decreto.
Portada de la parroquial en una aldea perdida en el Pirineo


2 comentarios :

  1. Hola Julio, primero de todo, felicidades por tu blog, es sencillamente sorprendente. Me llamo Mireia y estoy trabajando en un proyecto sobre los pueblos más bonitos de España y, por supuesto, La Alberca es uno de ellos. He estado buscando una dirección de correo electrónico en la página para poder contactar contigo pero no he encontrado ninguna. Si fuera posible, agradecería que me dejaras tu email para poder escribirte directamente. Gracias por adelantado por tu ayuda.

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    1. Gracias por tu mensaje. Mi cuenta de correo es jalvirabanzo@telefonica.net

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