Huesca, la ciudad expectante


Se nos cae el cielo encima

Huesca na ha sido nunca una ciudad industrial en el sentido de grandes factorías, chimeneas humeantes, grande naves y filas interminables de operarios acudiendo al trabajo. Pero ha tenido empresas, sobre todo relacionadas con el sector del metal, en las que se producían manufacturas de gran calidad. El final del siglo pasado supuso la práctica desaparición de las más importantes. 
La ciudad mantuvo su carácter de capital administrativa, aunque el proceso autonómico hacía que su peso específico cayera. Se apostó por las nuevas tecnologías con un parque tecnológico y por la universidad como motor económico y social. Pero la sangría de pérdida de puestos de trabajo continuaba y la crisis en la que estamos inmersos tampoco ha ayudado mucho. 
Ahora se habla de un cuartel que desaparece, que no deja de ser una empresa con un personal que activa la economía local, o unos estudios a los que les sale competencia en la vecina capital. Se comenta que una facultad del campus oscense puede perder la mitad del alumnado, siendo descrita –incluso- la repercusión económica negativa para la ciudad. Una facultad con la mitad de alumnos necesitaría menos personal y, como el caso del cuartel, no deja de ser una empresa con un personal que activa la economía local. 
Si acaso, que no se proponga diseñar en plan estratégico porque ya se elaboró uno hace tiempo y no sirvió para nada. Una de las apuestas era convertir a Huesca en ciudad agroindustrial, dada la gran producción agraria de su entorno. La construcción del canal de la Hoya podría incrementar esas producciones, pero dado el estado del embalse de Montearagón, con el deslizamiento que impide su llenado, prueba de carga y entrada en servicio, seguiremos expectantes. Como siempre.

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