Mercadillos y autoestima


Atardecer junto al mar

Una persona próxima comentaba esta mañana que el mercadillo de los martes y sábados es el único lugar de Huesca donde te llaman bonita y cariño aunque tu imagen sea lamentable y tu carácter insoportable. Es una dosis de autoestima que viene muy bien en tiempos como los actuales.
Añadía que la había agradecido tras pasar por unos días de playa que le sirvieron para ver el deterioro de la raza humana. Cuerpos rebosantes de grasa que solamente presentaban un mínimo espacio tapado. Espacio que, por cierto, hubiera quedado oculto bajo una de las numerosas lorzas que presentaba el espécimen en cuestión.¿Y el buen gusto?
Sus reflexiones iban luego hacia los modelos que ofrecían los paseos marítimos a última hora de la tarde. Cómo se estropean los cuerpos y con qué impunidad se muestra el deterioro. La prudencia ha desaparecido de la mente de la gente y así nos va. Ni es obligatorio llevar minifalda o trasparencias, ni llevar pantalones cortos con calcetines y sandalias. Hay piernas que es mejor ocultar, aunque  la moda sea otra. Por ejemplo. El espejo, en estos casos, es un buen observatorio antes de salir a la calle. Me parece.
Por todo esto, adobado con un tiempo de perros, agradecía mi informante el paseo matinal por el mercadillo y los piropos de las vendedoras. El próximo sábado, otra vez. Si hace falta, claro.

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