Un herbario barbastrense del XIX que acabó en Francia


Torre de la catedral de Barbastro

Esto del traslado de los bienes no lo inventaron los obispos de Lérida con las obras de la zona oriental altoaragonesa. Se venía haciendo con distintos objetos interesantes desde mucho antes. Incluso pagando -aunque fuera poco-, como sucedió con un herbario barbastrense del siglo XIX.
Pancracio Lafita era un erudito sacerdote que dirigió La Atalaya, el primer periódico que se publicó en Barbastro en 1843. Años más tarde aparece su firma en La Esposición de Sobrarbe, publicado también en la ciudad del Vero. En el ejemplar del 23 de septiembre de 1857, se hace eco de un herbario que había elaborado el también sacerdote Manuel Burrel. Era, según relata Lafita, “un herbario, o colección de yerbas secas, que en libros y empapeladas conservaba mi predecesor en las Vicarías de esta Ciudad”. Burrel estudiaba las propiedades de las plantas y, especialmente, las del entorno de Barbastro. Cuando falleció, “un francés amigo, que desde su residencia le mandaba las publicaciones mejores que se veían en su patria vino ex-profeso y por una relativa módica cantidad, se llevó los libros que contenían preciosidades botánicas”.
Pancracio Lafita mantuvo relación epistolar con el boticario aragonés José Pardo Sastrón y en una de sus misivas, fechada en 1873, la cuenta la peripecia del herbario de Burrel. Así consta en el artículo “La correspondencia de José Pardo Sastrón en el Jardín Botánico de Valencia, II”, de José María de Lorén, publicado en Flora Montiberica (1996).

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