La Malena se salva de la ruina total



Obras en la Malena

Las obras de consolidación de la antigua iglesia parroquial oscense de Santa María Magdalena o la Malena, como era conocida en la ciudad, ya permiten observar sus restos con bastante dignidad. El templo está al final de la calle Pedro IV, enfrente del Grupo Madre Pilar y el Palacio Real. Llevaba, más o menos, un siglo arruinado y poco quedaba en pie. Ahora estos restos son consolidados y la memoria de una popular iglesia en un barrio no menos popular puede regresar a la memoria colectiva de los oscenses.  Pero su recuerdo, aparte de seguir en los habitantes de su entorno, se ha mantenido en la prensa. Aquí hay algunos ejemplos.

Los restos que han llegado hasta nosotros están siendo consolidados

El Diario de Huesca, 21 julio 1899

LA MAGDALENA

Según reza el calendario, mañana celebra ia Iglesia la fiesta de la pecadora del castillo de Magdala, arrepentida a los pies de Jesucristo. En nuestra ciudad el muy conocido y popular barrio de Pedro IV, mejor denominado vulgarmente por la calle de la Malena, celebra su fiesta anual por tener en el mismo emplazado el vetusto templo, antigua parroquia, bajo el título de patrona tan venerada como singular en el coro celeste de nuestras santas.
En dicha iglesia se rezan esta tarde completas, hay rosario, veneración pública, al borroso pero artístico lienzo de su retablo mayor, que las doncellas de! barrio exornan con tiestos de olorosa albahaca y con esculturas del Niño Jesús, que manos hábiles vistieron de rica túnica de vivos colores y lentejuelas de oro.
Es costumbre que mañana a la hora del alba, se celebre misa rezada y la mayor a las siete con sermón, antes a cargo de una antigua cofradía, y hoy al gobierno siempre piadoso de la cura de almas de la extensa parroquia Catedral.
El vecindario populoso y el de sus calles adyacentes, cuya nota característica la dan casas labradoras respetables y renombradas en la ciudad de Huesca, suele festejar es la fecha con regocijos callejeros como son rondallas, bailes y otros transportes de diversa índole, que determinadas clases de la sociedad oscense, aprovechan para celebrar el día de !a Santa, pues las bodegas del barrio, el carácter expansivo de aquellos moradores y la atractiva situación de aquella parte de ia ciudad, hacen que la animación sea inusitada durante las primeras horas de la noche del 21 al 22 del corriente mes.
Nosotros somos devotos de estas tradicionales costumbres, asistiendo cuando podemos a visitar a la Magdalena en su típica iglesita; y así como en tiempos mejores, muchos no se sustrajeron de dar expansión a su espíritu entre oraciones a la Santa y galantes obsequios a las siempre honradas y garridas mozas del barrio, ahora comparten su admiración a las glorias religiosas de la Magdalena, festejadas entre copa y copa del efervescente vino de las cosechas de Paraíso o Fabitó del Cuco o de Doví.
Que siendo siempre uno e inmutable el sentimiento en el orden religioso, varía la costumbre en el orden material, según las edades y según las épocas de ía vida.



El Diario de Huesca, 23 julio 1930
LO QUE YA PASÓ

Noches de la Magdalena. Qué ruidosas y Qué simpatía más singular tuvieron las noches de la víspera y las noches de la Santa. la capilla, lo mismo Que el de Santa Orosia en la misma calle.
La ruinosa vejez de los dos edificios ha impuesto el final de su culto, que tenía, sobre todo el de la Magdalena, matices locales de gran popularidad y simpatía.
Hacia la calle, unos años tocada de adornos verbeneros y alegrada con rondas de típico farol, y otros, en silencio, iban los vecinos de todos los barrios.
Desfilaban y dejaban, con sus oraciones y dádivas, el recuerdo de un año más y contemplaban el altar de Monserrat, y al pie, a San Mames, con «las tripas afuera», yacente, y rodeado de sus corderillos.
En las puertas, el vecindario de cada casa, viendo Quién pasaba y requiriendo a sus relaciones con invitación amistosa a echar un trago.
Cuando hubo tiestas, el baile se celebraba en la plazoleta de casa de Paraíso, y con dos o tres elementos de rumbo, había bastante para que toda la ciudad se identificase en el bullicio.
Todo se ha acabado. Los tiempos cambian al mismo tiempo que las iglesias envejecen hasta cerrarlas por el peligro de su ruina. Pero la Malena, el barrio a quien la síncopa de su castizo nombre le hace atrayente, sonoro y un poco flamenco, siempre tendrá en estas fechas, sino la animación del tránsito y visita de los oscenses de otras calles, que eso ya pasó, el recuerdo de los que con muchas amistades y devociones no faltábamos nunca en cumplimiento de lo que nuestros gustos nos dictaban. Salud y muchos años para evocar. Y un saludo a las dos representaciones de los Que fueron más populares y rumbosos mainates de la Malena,
A Vicente Avellanas, hijo de Paco el inolvidable; y a Pepe Lorenz, hijo del inolvidable Manolín. Vosotros vivís en el barrio y a lo mejor no os acordasteis ayer del día en que estábamos. Nosotros, sí.
F.



Una de mis primeras colaboraciones en prensa escrita, que comenzaron en 1980, trató sobre esta iglesia. Esto es lo que escribí.

Aragón Express, 10 agosto 1980

LA IGLESIA DE SANTA MARÍA MAGDALENA EN HUESCA

Durante la Edad Media, Huesca estaba dividida en cuatro. Barrios. Se llamaban "quartones" y eran: Alquibla, Montearagón, Magdalena y Ramián. Nosotros nos centramos en uno: la Magdalena, que ocupaba gran parte de la parroquia de la
Catedral. Su eje central era (y es) la calle que llevaba el mismo nombre que el
quartón, actual Pedro IV. Juan F. Utrilla escribió que este barrio representaba en el siglo XIII, el 25,50 por ciento de la población de la ciudad
Dentro de esta calle principal que hemos mencionado vamos a situarnos en el templo que allí existió y del que quedan tímidos restos. Antonio Durán Gudiol  recoge que "Pedro I, rey de Aragón y Navarra, dona a Santa María Magdalena de Huesca varias fincas sitas en esta ciudad, Arascués, Lierta y Cuarte". El documento lleva fecha 2 de agosto de 1 098. Son varias las veces que aparecen este templo en la Colección Diplomática de la Catedral de Huesca. La mayoría, de las veces, como referencia para ventas de, terrenos. Hay constancia de que tenía un molino en un texto fechado en el 18 de julio de 1097-1103 y que recoge una donación de un tal Froila que dona, entre otras cosas "...tres partes de uno molino quod habeo cum illos de Sanct Maria Magdalena et...". También poseía el templo una viña, referencia que se repite en varios documentos desde mayo de 1182 a marzo de 1203.
De la primitiva iglesia, románica seguramente, no hay restos, siendo éstos de una obra posterior del siglo XIV. Ya en el XVII, estaba en ruinas. Se realizaron trabajos de restauración en 1604, desapareciendo como estructura ya entrado en siglo XX.
En l6l7, el Distrito la cedió a una Comunidad de Hermanas Recogidas, que vivían en clausura. Hubo varias cofradías: una del XV, la titular. Otras fueron: de Santa Catalina, fundada en 1220, la fundada en San Ciprián en 1270 que pasó a la Catedral en el siglo XVII. La parroquia que fue de la Magdalena, junto a las de Santa Cruz de la Zuda, San Ciprián y San Miguel, se unieron para formar la del Salvador de la Catedral.
El templo que nos ocupa fue parroquia hasta el siglo pasado, siendo atendido por sacerdotes de la seo oscense.
Obras de arte interesantes eran: el retablo mayor, de Esteban Solórzano, del siglo XVI, un retablo de Juan de la Abadía, del XV, dedicado a Santa Catalina, costeado por esta Cofradía; había una Virgen de Montserrat, del XII. Todas estas obras se han trasladado a otros templos o han "desaparecido" (las comillas son por lo original de su desaparición).
Ahora solamente quedan unas ruinas, junto a la calle de Pedro IV, surgida ésta al unir en una sola las de la Morera y la Magdalena. Contaban, según Ricardo del Arco Garay, con 17 y 51 casas, respectivamente, en el siglo XVIII. El templo, lo que queda de él, sirve para almacén de un particular. Desde la calle todavía se pueden apreciar cuatro arcos y un par de columnas, todo simple y sencillo. De la torre les podré decir que viendo una foto del año 1923, todavía se podía apreciar ésta, siendo de planta cuadrada, disfrutando en la actualidad de una mejor vida, durmiendo la larga noche de los desaparecidos en la mente de los oscenses que la pudieron ver en unas fechas todavía no muy lejanas.
Finalmente, les diremos que cuadrada la recogen los hermanos Naval, recordando, a su vez que la calle adopta una forma peculiar en este tramo debido, seguramente, a la primitiva construcción románica, con puerta orientada al Este, variada con las sucesivas transformaciones que ya hemos visto. La Magdalena, la Malena, pasa, más despacio pero no por eso se librará, a engrosar la lista de templos desaparecidos para nuestra actual sociedad, haciendo compañía, por ejemplo, a la Iglesia del Espíritu Santo, a la de San Juan o la de San Martín. Edificaciones todas que han sufrido el paso del tiempo con más rigor que otros, o que no han recibido a tiempo la mano restauradora que los redimiera. Confiemos en que esta Iglesia que fue Parroquial de Santa Magdalena, que albergó una Comunidad religiosa, ocupe una de las últimas plazas de pérdidas irreparables para Huesca.

Obras consultadas:
Naval, Joaquín y Antonio. Huesca en el siglo XVIII. Zaragoza, 1978.
Utrilla Utrilla, Juan F. El Monedaje de Huesca en 1284. Zaragoza, 1977.
Durán Gudiol, Antonio. Colección diplomática de la Catedral de Huesca. Zaragoza, 1965.
Arco y Garay, Ricardo del. Las calles de Huesca. Huesca, 1922.

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