El transporte de madera por el Gállego


Recreación de una almadía por el Gállego. Plumilla de Alvira Banzo


Durante mucho tiempo, el método más habitual para el transporte de la madera desde los bosques del Pirineo hasta la tierra llana era utilizar la fuerza del agua en los ríos. Tras bajarlos por los barrancos hasta un cauce importante, se armaban las almadías o navatas, plataformas de troncos sobre las que descendían sus conductores, los navateros o almadieros.
El recuerdo de este transporte por el río Cinca ha permanecido vivo por el testimonio de los últimos navateros, las fotografías, documentos, la actividad realizada hasta hace relativamente poco tiempo y su festiva recuperación. Los camiones y los embalses acabaron con el transporte de troncos por los ríos desde las montañas hasta la tierra llana.
En el río Gállego esa memoria, aunque se haya recuperado con carácter festivo-reivindicativo, se diluyó en el tiempo con más rapidez, tal vez porque discurriera por aquí un camino importante en las comunicaciones de Zaragoza con Francia, lo que podría haber facilitado antes que en otros lugares el transporte por carretera de los troncos. Además, desde 1892 hay en servicio una línea ferroviaria entre Jaca y Huesca que supondría una competencia difícil de mantener para los almadieros. Finalmente, aquí también se levantó una presa, la de La Peña, que impidió continuar con esta actividad. Su construcción es anterior a las del Cinca y se situó en los primeros años del siglo XX. Este año 1913 se cumple el centenario de la conclusión de las obras.

El estrecho de la Gorgocha


Recogemos aquí dos noticias sobre el transporte de madera por el río Gállego en el siglo XVII a través de sendas referencias documentales publicadas en papel e internet. La primera de ellas la incluye Manuel Gómez de Valenzuela en su libro “Arte y trabajo en el Alto Aragón (1434-1750)”. Recoge un documento del Archivo Histórico Provincial de Huesca, fechada en Aragüés del Puerto el 5 julio 1629.
El mercader zaragozano Juan de Val “protesta porque las almadías de Diego Irigoyen y Juan Macaya han atascado la garganta de La Peña en el río Gállego”. Según explica el documento hay “cierta cantidad de maderos en el río Gállego debajo del puente del lugar de La Peña de la val de Trieste y aquellos están detenidos en dicha garganta encargados y entarquilados unos sobre otros y ocupan el río Gállego”.
Gómez de Valenzuela destaca que el querellante alude a la condición de camino real del río. Juan de Val indica que tiene “cierta cantidad de madera más atrás en el mismo río Gállego”, que tiene detenida por estar interrumpido el paso por la garganta de La Peña. Su intención era “llevarla y almadiarla por dicho río Gállego al río Ebro o a otras partes”.
La segunda referencia figura en la edición electrónica del libro “Las artes en Aragón en el siglo XVII según el Archivo de Protocolos Notariales de Zaragoza de 1613 a 1696”, que edita la Institución “Fernando el Católico” en su página web (http://ifc.dpz.es). Carmen León Pacheco ha realizado el trabajo correspondiente a los años 1628-1630. Uno de los documentos que incluye está fechado en Zaragoza el 10 mayo 1630. Indica que “Alexandre Lacasta, vecino de Agüero (Huesca), firma capitulación y concordia con Vicente López, albañil, vecino de Zaragoza, acerca del abasto de la madera”.
Debía entregar parte de la madera para día de San Juan Bautista, “quince días antes o quince días después, viniendo agua competente en el río Gállego para poderlos traer”. El resto, en condiciones semejantes, en el mes de agosto. El albañil zaragozano debía recibir “la dicha madera a la orilla del río Ebro del Puente de madera”.

Una actividad centenaria


José María Lacarra, en “Aragón en el pasado” (1972) escribe que en el reinado de Jaime II (entre 1291 y 1327) se utilizó madera del valle de Hecho para construir barcos de la armada aragonesa y para el puente de Zaragoza. “Se la hacía descender por el Gállego al Ebro y de aquí seguía hasta Tortosa”, explica este historiador. El que la madera no bajara por el río Aragón podría explicarse por la necesidad de no salir del Reino y evitarse impuestos de la vecina Navarra. Pero chesos y ansotanos fueron los pioneros en bajar madera por el río Aragón, antes que los propios navarros, según explica Enrique Balcells en su artículo sobre almadías y almadieros publicado en la revista Pirineos (1983).
Rafael Leante incluyó la ermita de Nuestra Señora del Puente de Lapeña dentro de su libro sobre el culto a María en la diócesis de Jaca (1889). Comenta que la Gorgocha, “siendo el estrecho o garganta que las peñas forman en aquel sitio  uno de los puntos más peligrosos para los almadieros que conducen maderas por el Gállego”, por lo que se encomendaban a la citada imagen “antes de entrar en el peligroso paso”.

“La zut de Murillo”


Severino Pallaruelo, en su libro “Las navatas” (1984), incluye una cita de “Los veinte y un libros de los Ingenios y Máquinas”, en la que se afirma que “el río Gállego no trae maderas muy largas y menos muy gruesas, y trae muy pocos maderos cuadrados”, pero confirma la actividad de las almadías. La imagen de una navata del siglo XVI y varios elementos para este trabajo se incluye en la edición de ese mismo libro realizada en 1983 por el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos con Ediciones Turner y que acompaña este artículo.
Este mismo autor explica en otro artículo (Comarca, nº 38, 2003) que el transporte de madera por el Gállego tenía dos partes. Una primera, desde la vertiente meridional de “San Juan de la Peña, de Oroel y de las selvas que se extendían entre los dos montes”, bajando sueltos por los cauces de arroyos y barrancos hasta el Gállego. Una vez superado el estrecho de La Peña, en Murillo, se formaban almadías o navatas para llegar hasta el Ebro y parar en Zaragoza o seguir río abajo. De Murillo a la capital aragonesa, según explica este escritor, había dos días de viaje sobre las almadías.
Este autor recoge un documento de 1588, que menciona la llegada de la madera a Murillo y las instrucciones para el futuro inmediato: “detenerla y llevarla y sacarla toda en la zut de Murillo y darla en el secadero y ligadero de dicha zut de Murillo”. Una vez construidas las almadías, comenzaría el viaje.
Salvador López Arruebo, en su artículo “Los navateros” (Serrablo, 1981) escribe que los serrableses arrastraban los maderos “desde los bosques a las gleras de los ríos”, armando allí las navatas. Llegado el deshielo comenzaba el arriesgado viaje que tenía su momento más complicado entre el desfiladero de la Gorgocha y los mallos de Riglos. “Aquí, apunta López Arruebo, estaban autorizados a dejar las almadías solas y correr ellos por la orilla, empujándolas desde el borde, si podían, para recoger los restos y repararlas a la altura de Murillo”. Allí se preparaban más largas y comenzaba la parte más tranquila del viaje.

El ferrocarril


Sobre el final de este sistema de transporte, Salvador López indica en este artículo que el inicio del transporte por ferrocarril, a finales del siglo XIX, y la construcción del embalse de La Peña, a comienzos del XX, supusieron su desaparición. La estación de Orna fue la primera que facturó madera por ferrocarril, apunta López Arruebo. El destino final, como cuando bajaba por el río, era Tortosa “donde seguía afincada la centralización del comercio de la madera del valle del Ebro”.
También Enrique Satué, en el artículo “A barranquiada d’a Val de Basa” (Serrablo, 1983) informa de que el transporte de maderos por este río acababa en la estación del ferrocarril. Cabe pensar que antes de existir este medio de transporte continuarían viaje por el Gállego.
El transporte de madera por el río Gállego se ha recuperado en estos últimos años, con carácter festivo y como elemento de personalidad de los habitantes de la zona intermedia de su valle, agrupada en el término “Reino de los Mallos”, en constante auge de un tiempo a esta parte. Si Lastanosa hubiera tenido afanes viajeros, tal vez se hubiera acercado a Murillo o más arriba para ver el transporte de la madera por el Gállego en su siglo XVII.

Embalse de La Peña desde Santa María

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