La muralla musulmana oscense


Sillares de la muralla musulmana oscense

Año 261 (874-875 en la contabilidad cristiana). Amrús mira desde un cerro cercano el estado de la vieja muralla de Waska. Construida por los romanos, el paso del tiempo ha sido inexorable. Es tal su deterioro que será preciso levantar una de nueva fábrica. Además, la ciudad ha desbordado el viejo perímetro. Como gobernador de la ciudad, ha recibido la orden de defender la ciudad con una fuerte protección.

Sube a su caballo y se dirige a la puerta norte de la ciudad. Es la más cercana a la Zuda. En su pequeño palacio le esperan dos afamados canteros, que han trabajado en otras murallas de la marca superior, y le van a plantear sus ideas. Se trata de amurallar todo el cerro, donde ya vivieron romanos y cristianos antes de llegar sus actuales regidores.

Desde el alminar de la mezquita sale la llamada a la oración. El encuentro con los canteros deberá esperar. El gobernador de esta plaza tiene que estar presente en esta ceremonia para tranquilizar a sus conciudadanos. Las últimas noticias sobre los movimientos de los cristianos del norte preocupan especialmente.

La llegada de los musulmanes a Waska, hace ya doscientos años, fue especialmente agitada. La ciudad sufrió bastante y cada generación ha ido recordando a la siguiente el dolor de la violencia. Por ello, se temen las consecuencias de una mayor relación con los cristianos del norte, con los que muchas familias están emparentando y con los que nunca faltan fricciones. Son gente ruda y dada a la dureza de la vida militar en parajes inhóspitos, como las montañas cercanas a Waska.

Amrús está más pendiente de sus obligaciones de gobierno que de las oraciones que surgen de la mezquita y se escuchan por todo el cerro donde está el centro administrativo. No obstante, Waska se extiende más allá de este espacio y es preciso tener previstas instalaciones protegidas por si llegan los cristianos con ánimo beligerante.

Han pasado mil años desde que Amrús recibiera el encargo de amurallar la musulmana Waska. Hace tiempo se cumplió  el noveno centenario de su toma por los cristianos. Ya nadie más ha ocupado la ciudad, que ha vivido marcada en su vida cotidiana por esta gran estructura. No obstante, no faltan los enemigos para esta construcción militar. La baja calidad de la piedra y el uso abusivo de sus sillares para otras construcciones o, simplemente, el derribo de un lienzo, la han dejado en la más mínima expresión. ¿Qué pensaría Amrús del encargo recibido si ahora paseara por el Trasmuro? Seguramente echaría de menos la inscripción que ordenó colocar en la puerta llamada Bab Lubun: “Esta es parte de la obra construida por Amrus ibn Umar amil del iman Muhammad, Dios le guarde por su fidelidad”.

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