Estopiñán, en el Alto Aragón más oriental



Estopiñán desde el camino a Canelles
 

Estopiñán está el extremo meridional de la Ribagorza. Para llegar hasta aquí circulamos por la carretera N-230, de Lérida al Valle de Arán, en el tramo entre Alcampell y Benabarre, tomando el correspondiente desvío señalizado. En su entorno hay elementos interesantes ligados con la minería, el agua y la hidroelectricidad.
Estopiñán pasó de manos musulmanas a cristianas cuando Ramon Berenguer I, conde de Barcelona, conquistó la población en torno a 1058-1059. En este tiempo sitúa Manuel Iglesias Costa la construcción de la actual ermita del cementerio. Afirma que “es perfectamente coherente con la toma del castillo de Estopiñán,  mediados del siglo XI. Su construcción debió demorarse un poco, y su relación con los condes de Barcelona pueden explicar su fisonomía, que la aparta un poco del románico ribagorzano”.
El castillo es uno de los elementos destacados de la silueta de Estopiñán. Corona un alargado cerro. Sus dimensiones, según apunta Adolfo Castán, son 98 metros de largo y 18 metros de anchura media. Esta prolongada horizontalidad se veía compensada con sendas torres en los extremos, de las que se conserva el arranque. Afirma que “externamente transpira poderío y arrogancia”, pero el interior no conserva los elementos suficientes para imaginar cómo era. No obstante, describe un aljibe de buena sillería y cubierto con bóveda, fechándolo entre los siglos XI y XII.
Las calles de Estopiñán, a diferente altura acercándose al nivel más alto del castillo desde el más bajo de la iglesia, son cortadas por otras más estrechas y muy empinadas, enlazándolas. Una de estas cuestas, según gran cartel informativo, cubre el espacio que hace años se destinaba al frontón.
Podemos ver un amplio catálogo de arquitectura civil. Varios edificios lucen en sus portadas fechas del siglo XIX y, en su mayoría, adornos vegetales. Hay fechas más antiguas, como 1589 y 1619, algunos nombres y escudos. El Ayuntamiento conserva el escudo de España que imperó en la Restauración y que solamente recogía el Castillo y el León, obviando las cadenas de Navarra y las barras de la Corona de Aragón. Lleva la fecha 1894. En su momento, Joaquín Costa firmó con otras personas un flamígero escrito –muy propio de él- rechazando esta decisión, que ignoraba la Historia de España. Ahora es un elemento más de la historia propia de esta población.
Otro edificio destacado es su parroquial de San Salvador. Manuel Iglesias lo define como un edificio renacentista, construido entre los siglos XVI y XVII. Es de una nave, con ábside pentagonal y coronado el exterior con una galería de arquillos típica de la arquitectura aragonesa. La torre se levanta a los pies. Tiene un primer cuerpo de planta cuadrada y los dos restantes octogonales.
Desde Estopiñán dominamos un amplio espacio de su entorno. Las vistas son dilatadas y se disfruta del paisaje a bastantes kilómetros de distancia. No defrauda. Una conversación con las gentes del lugar completará una interesante visita.

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