Obras en Casa Coll



Fachada de Casa Coll el 30 de julio
  El inicio de las obras de reforma de la Casa Coll, en la calle de Zaragoza, ha devuelto a la actualida uno de los pocos edificios modernistas que se conservan en Huesca y la memoria de sus promotores. Para algunas personas ha sido un descubrimiento conocer su fachada, precedida ahora de una estructura metálica que la protegerá durante los trabajos. Miran y ven, por primera vez aunque lleve allí décadas, las palabras industrial, maquinaria y Coll que identifican este edificio en la parte superior de su fachada .
María José Calvo, en su libro sobre el urbanismo en Huesca entre 1833 y 1936, explica que el edificio inicial, reformado con el tiempo, es un proyecto del arquitecto Francisco Lamolla, firmado en 1913. Es "un proyecto enteramente modernista hoy desfigurado". Fue un encargo de la familia Coll, propietaria de una destacada empresa oscense en la época de la Restauración y la Segunda República. José María Azpíroz, en su libro "La voz del olvido" define la empresa de maquinaria agrícola de los hermanos Víctor y Sixto Coll como "quizás la más importante del sector en la provincia de Huesca". Sixto "sin duda, era uno de los republicanos oscenses de mayor prestigio y abolengo", añade Azpíroz.
Manuel Benito Oliver escribió que "la familia Coll había fundado un próspero negocio en la Calle Zaragoza, 13, los premios que ganaban en las diversas ferias nacionales y extranjeras, los daban para la Olla de los Pobres, un comedor social por desgracia muy concurrido en aquella época". Sixto Coll fue detenido por los sublevados en 1936 y, tras varias peripecias, fue desterrado a Carrión de los Condes. Benito Oliver apunta que, una vez fallecido, "su cuerpo volvió a Huesca, enterrado en lo que fuera Cementerio Civil junto a Fermín Galán. Alguien raspó su apellido en la tumba con una piedra para dar memoria".  También se guarda el recuerdo de esta familia conservando la fachada de su vivienda.

1 comentario :

  1. En su día se me pasó este post que leo ahora. Mi abuela sirvió en Casa Coll. Como tantas jóvenes de los pueblos de alrededor aportaba a su familia de sirvienta en casas de industriales, comerciantes o profesionales de cierta capacidad. Hablaba con un gratísimo recuerdo de los hermanos Coll y no dejaba de lamentar su penoso destino. Del servicio de esa casa formaba parte en agosto del 36.

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