La playa en el secano

Embalse de Arguis


En Huesca nunca ha abundado el agua. En las excavaciones arqueológicas por el centro histórico abundan los aljibes para guardar el líquido elemento. Los romanos lo solucionaban recogiendo la lluvia o tendiendo acequias. A finales del siglo XVII los oscenses cerraron una cortada en la sierras exteriores del Prepirineo  (Arguis) y guardaron el agua del Isuela, su río local, siempre esquivo a la hora de aportar caudales a la Hoya de Huesca. Aquí nunca había césped en las zonas verdes porque no estaba asegurado el riego.
En el siglo XX, los de la ciudad lograron que les hicieran otro embalse en las sierras exteriores, aumentaron las reservas, pero vamos, cuando llegaban un tiempo de precipitaciones más escasas –como sucedió a principio de este siglo- volvía la angustia. Un verano hubo en que las piscinas municipales no entraron en servicio por falta de garantía en los caudales de suministro.
Pero a los de Huesca no nos tiembla el pulso tras ver las series de televisión y las películas americanas. Ellos tienen unifamiliares, nosotros también. Ellos tienen piscinas, nosotros en cada bloque. ¿Barbacoas? Barbacoas. ¿Un niño con vocación de estrella y su karaoke a toda marcha a primera hora? Hecho. La arquitectura más reciente de los bloques solamente está a falta de las toallas en la barandilla de la terraza para que parezca Salou en el mes de agosto.
Aquí, el que no tiene chalet, tiene la piscina en el bloque y la barbacoa aunque sea en  el balcón y ya está. Crisis, ¿qué crisis? Y mucho césped, eso sobre todo. ¿Y el agua? Sí, es un pequeño detalle. Por el sur de la ciudad pasa un importante canal del que se puede bombear. Se supone que para beber, pero no sé si para regar césped o llenar las piscinas de los bloques.

Casita de Blancanieves, en el Parque Miguel Servet


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