El lamento del Canfranc

Estación de Canfranc (2004)

Todos los días, por la mañana, baja un tren desde Canfranc a Zaragoza transportando maíz francés para una importante empresa de la capital del Ebro. El de aquí es transgénico y no les vale. El galo no tiene esta etiqueta.
Este producto llega desde Francia hasta unos silos de la villa pirenaica en camiones, aunque hay una línea de ferrocarril que enlaza Zaragoza y Pau a través del valle del río Aragón. El problema radica en que está fuera de servicio desde que un convoy que transportaba maíz de Francia a España inutilizó un puente de la vertiente gala el 29 de marzo de 1970. Desde entonces, los aragoneses reclaman la reapertura y el nombre del puente hundido, L’Estanguet, es odiado por los más conspicuos defensores de esta puerta a Europa cerrada desde ya varias décadas. La verdad es que su estructura metálica sería fácil de reparar si existiera voluntad de hacerlo.
La línea había sido inaugurada el 18 de julio de 1928 por el rey de España, Alfonso XIII, y el presidente de la República Francesa, Gastón Doumergue.
Este ferrocarril fue demandado en Aragón desde mediados de siglo XIX. Hay una publicación, titulada “Los Aragoneses a la Nación Española” y publicada en 1853, en la que una serie de ilustres responsables de distintas entidades la defienden. El caso es que, desde que se planteó el asunto hasta que Alfonso XIII vio llegar la locomotora a Canfranc, tras superar el túnel de Somport, habían pasado las tres cuartas partes de un siglo.
Se puso en servicio una línea bien entrado el siglo XX planteada en el XIX. El tren llegó a Huesca en 1864 y a Jaca en 1892. La vida de esta comunicación fue lánguida hasta que una mañana helada de marzo un convoy cayó al río y con él marcharon los ilustres aragoneses del XIX, la reivindicación aragonesa y toda la ilusión de tener una comunicación directa con Francia.
Desde ese mismo momento se reclamó la reapertura, pero aunque Madrid está lejos del Pirineo, París está todavía más lejos. A la Administración gala no le causaba el más mínimo impacto el lamento aragonés. Lo malo es que, de un tiempo a esta parte, por iniciativa regional, se están arreglando tramos de la vía francesa acercándose a la frontera.
Si ahora nuestros vecinos del norte plantean poner en marcha este ferrocarril internacional, ¿qué haremos? No nos quedará más remedio que arreglar nuestra parte que está dejada de la mano de Dios porque no nos hacían caso. Anda, que si ahora plantean reabrirlo, ¿qué pasará con nuestro lamento?


Publicación de 1853 exponiendo las excelencias de la línea de Francia por Canfranc


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