Historia de un tejado sin retejar



Soy un habitante de un pueblo inexistente en un falso valle de una cordillera imposible. Mi abuelo me contó que, a principios del siglo pasado, vinieron unos señores a vernos, explicando que, para poder poner industrias en otro pueblo (que estaba a 400 kilómetros del mío, junto al mar) debían inundar todo el valle. A cambio, nos iban a dar un dinero por las tierras y los campos, pero debíamos marchar a escape.
El caso es que, por esa época, mi abuelo pensaba retejar la casa. Pero, al anunciar que iban a construir un pantano, lo dejó porque no valía la pena gastar tanto dinero para retejar algo que quedaría bajo el agua.Pasaron los años, llegó la guerra de África, la dictadura de Primo de Rivera, la República y la Guerra Civil. Cada cierto tiempo, llegaban esos señores, primero, y luego sus hijos, anunciando el pantano.
Algunos vecinos de mi familia se fueron a la gran ciudad junto al mar. Otros murieron, como mi abuelo. Mi padre, como iban a hacer el pantano, no arregló la casa porque no valía la pena gastar tanto dinero para retejar algo que quedaría bajo el agua.Tras la guerra civil, silencio. Pero de repente, por los periódicos, supimos en los años 60 que iban a construir el pantano. Mi padre había muerto. Sólo quedaba yo en el pueblo. Los demás habían marchado a la ciudad junto al mar.
Cada año, para la primavera, reparaba un poco el tejado, pero no lo arreglaba del todo, por si hacían el pantano. Eran los años 60. Luego, en los 80, los nietos de los primeros señores que llegaron al pueblo, dijeron que el pantano iba a ser más grande todavía. Entonces, dije yo, ya no arreglo nada porque no valía la pena gastar tanto dinero para retejar algo que quedaría bajo el agua.
Pero el caso es que hemos pasado el año 2000 y no han hecho el pantano. Entonces, me pregunto yo: ¿retejo o no mi casa? Porque no valdría la pena gastar tanto dinero si va a quedar bajo el agua. Pero, y ¿si no lo hacen? Tal vez pueda poner una casa de turismo rural y alquilar canoas para hacer rafting. Un momento. Llaman a la puerta. Silencio. Ya vuelvo. Era un biznieto del primer señor que vino al pueblo anunciando el pantano. ¿Qué me ha dicho?

DOS POSIBLES FINALES:

Dice que ahora lo van a hacer y que vendrá la policía a echarme si no me voy. ¿Sabes qué te digo? Que a cascala el martillo y las tejas. Yo no retejo nada nunca más.

Dice que ahora no van a hacer el pantano, pero que me tengo que ir porque van a poner en esta casa un centro de interpretación del medio ambiente, patrocinado por la empresa que iba a construir la presa. Y que no diga nada, porque si no, los de Patrimonio me pueden expedientar por arreglar el tejado con teja árabe y no con pizarra. ¿Sabes qué te digo? Que a cascala el martillo y las tejas. Yo no retejo nada nunca más.

Embalse de Búbal

No hay comentarios :

Publicar un comentario